Es triste dar palabras al que no sabe valorarlas.
Duele dedicar tiempo con felicidad de unir letras para expresar y quien las lee no ve tu corazón allí.
Es necesario unir palabras a los ojos correctos, a esos ojos que están conectados al corazón y a la razón, de comprender lectura, de interpretar verdaderas letras del alma.
¡No cualquiera sabe leerte...
Y no cualquiera debe leerte!
Y no cualquiera debe leerte!

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