Si los miembros de una familia se pelean
unos contra otros, la familia también acabará por destruirse. Marcos 3:25 (TLA)
A
todos nos ha pasado que sentimos haber nacido en la familia incorrecta y más
cuando se enfrentan situaciones duras. Hay ocasiones que nuestro actuar por
librarnos de ella nos afecta aún más y lastimamos a muchos, creyendo que no
pertenecemos.
Sí
pertenecemos a ellos, debemos entender que al final del día siempre es la familia
que a pesar de los defectos estarán allí y son los sanadores de nuestra alma
con el perdón y el abrazo.
Es el ungüento para sanar dolores
presentes y olvidar cicatrices lejanas.
¡Cuán bueno y cuán agradable es que
los hermanos convivan en armonía! Salmo 133:1 (NVI)
<Andy>
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