Hace mucho no me sentía tan emotiva, los roses familiares son los más duros de solucionar y más cuando estas en momento de la discusión.
Tengo una familia que perdona y pide perdón pronto, pero en momentos fuertes no son tan fáciles de vislumbra eso.
Damos duras pedradas, palabras más duras para que duelan, cuando el otro hiere más duro nos damos cuenta que nuestras palabras fueron un error. Ya se no puede cortar y eliminar. Hay que enfrentarlas y pedir perdón de una, pero no, solo decimos algo más feo.
Que mala costumbre el ser humano de faltar se el respeto, de humillar, de heridos.
Nuestra boca dice de miles formas como odio esto de ti... y llegan otras para decir te odio a ti. PERO es falso. Solo es una cosa pequeña que me molesta, pero si te amo.
Que orgullosos somos.
Solo en ese momento de calentura tienes dos opciones, o te calmas y bajas la guardia o te enojas más, dices más cosas horribles y huyes, como cobarde, si, aunque tu mente te engañe diciendo triunfador.
Logré calmarme, eso sí es ganar, aunque me sentí al inicio un fracaso y vulnerable. Pero la recompensa fue la reconciliación, el perdón y un abrazo y un beso sincero.
Estoy segura que sin Cristo estas cosas no serían fáciles de llevar y de perdonar. Pues en las palabras nos matamos y nos lastimamos. Y esa misma boca nos sana y nos lleva a amar.
Que discusiones tan innecesarias, si tan solo habláramos en amor desde el inicio.
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